17.1.06

Como comer fresas en abril o ir a la feria en octubre. Siempre a destiempo tuya. Siempre a destiempo de los dos.

Si pudiera abrirme el pecho y enseñar a todos que el dolor es cierto... Si pudiera alzar la lengua y entonar un himno sacro. Si pudiera escribir como Quevedo lo que me esta consumiendo y devorando.

Si pudiera... antes, ahora y despues... gritarles a todos que no quise ir. Que yo ese día debia estar pintando rejas, viendo la tele con mis abuelos en la terraza de verano o paseando solitaria en bici hasta la playa por la noche. Que nunca debi pedir dinero prestado para ir a un mundo paralelo que no me pertenecia.

Si pudiera pedir perdon por desear lo deseado... y arrancarte como una mala hierba de la vida peatonal y mundana.

Si pudiera mirarla a los ojos, besarla en la frente y decirle que lo siento. Si pudiera mirarte y decirte que siento lo que siento y que me besaras la frente....

Si pudiera gritarte que luches por ella... si pudiera luchar yo por ambos... si pudiera entender por qué diablos quiero que la quieras y quiero que la odies.. si pudiera tanto...

Comprederia... que solo gritándolo al mundo, besándote, besandola, llorando, siendo franca... (porque todos queremos ser entre nossotros francos) este amor por la vida ME REDIMIRIA

14.1.06

Feliz año a todos que ya ha un mes que no escribo nah. Esto de tener un blog en mi space de msn me hace ser perezosa para con blogger :p

Pues hoy para resaltar el hiperbreve que los que me conoceis sabéis que es una modalidad que me apasiona pongo aquí este pequeño relato fruto de una mañana de sueño y un levantarme a las tres de la tarde. No se puede reflexionar tanto.

La diana

Se le notaba en las palabras, en los modos. Se le notaba en los ojos. Jugaba a lo fácil, a lo que daba resultado. Buscaba la posición mas acertada y ciego de ira lanzaba el dardo.

Era la primera vez que iba a los recreativos sin ella. La mesa de billar ya no se le antojaba un campo erótico y la barra de madera, a lo lejos, llena de whiskys empozoñados ya no era el sitio donde bebérsela entre miradas de complicidad.

Sin embargo los recreativos eran su vida. “Usted está afectado de una profunda ludopatía” le dijo una vez su confesor particular, y él en vez de desechar la idea argumento que el juego ennoblece al hombre, mientras esbozaba una sonrisa picarona.

Los dardos estaban bien. Arrojaba uno tras otro, con la fuerza desgarradora de las soledades de luto, las que corroen el alma poco a poco.

Yo lo observaba con la naturalidad de un mueble, de un adorno, de algo más. Observarlo amar me bastaba. Observarlo anhelar lo que perdió me hacia anhelar lo que yo perdí. Observarlo vivir me daba vida.

Y allí derroché la noche, con aquel absurdo disfraz de diana. Llorando en silencio a cada dardo, igual que él.